Así como hoy la selección Argentina enfrente a la debutante mundialista Cabo Verde, vale aclarar que aquel 3 de julio unieron a Argentina y el país insular africano. La tercera generación de descendientes caboverdianos, Hernán Da Graca, fue fundamental en aquella finalísima: nieto de Manuel (hijo de Manuel Antonio, primer caboverdiano de los Da Graca que desembarcó en el país), quien fue goleador Milrayitas y obtuvo el ascensos en 1938 a Primera B, e hijo de Abel, figura de aquel conjunto de Los Andes que ascendió por segunda vez a Primera división (1967) e hizo una magnífico torneo Metropolitano en la máxima categoría en 1968.
Hernán fue indispensable con su cuota goleadora en instancias definitorias, con un gol clave en tiempo suplementario ante el campeón del Clausura de esa temporada, Tigre, al aprovechar un rebote de Cirrincione, que hizo estallar en un grito la tribuna visitante para la igualdad en dos. El sufrimiento se prolongó con los penales, pero el Lechu Herrera se hizo gigante. Estaban igualados en la serie de cinco: Villarreal desvió su penal, mientras Cirrincione atajó el de Fuertes. Luego, le tocó al mismo Lechu patear el suyo: en primera instancia estrelló el palo, pero Villagrán corrió desde la mitad de cancha al área y le avisó al árbitro que no había dado la órden, por lo que debía patearse nuevamente: el arquero de Los Andes convirtió en su revancha. En el penal siguiente, Herrera se inclinó a su izquierda y atajó el penal a Echegaray para darle pasaje a la final al Milrayitas.
El primer partido por el ascenso, la tribuna “Horacio Palacios” nos a todos los simpatizantes del CALA frente a Deportivo Armenio, que en ese entonces era filial de San Lorenzo (incluso jugó con la casaca alternativa del equipo azulgrana). El planteo de ambos equipos fue cauteloso en el primer período y se estudiaron bastante. Pero Hugo Zerr sacó el as de la manga a los siete minutos del complemento y lo envió a la cancha: Gilmar Gilberto Villagrán. Tan solo pasaron ocho minutos de su ingreso para que, tras toque de Esteban Fuertes en un tiro libre, convirtiera un golazo. Uno a cero terminó el primer chico de la final.
Una semana después, el 3 julio de 1994, cuando los medios repetían la frase maradoneana “me cortaron las piernas”, se disputó la revancha en Lanús, donde Armenio fue local. Los Andes no dejó acomodar ni al rival, ni al público: Hernán Da Graca convirtió el tanto más rápido en la historia moderna Milrayita al desnivelar el marcador a tan solo los 8 segundos de iniciado el juego.
Esa tarde, el árbol genealógico caboverdiano de los Da Graca festejó unido aquel gol en un cancha de Lanús que recién tenía una cabecera de material concreto. “Le dije a mi viejo 'vamos a la cancha de Lanús que va a jugar Hernán'. Entonces entramos, nos ubicamos en la platea, y cuando ingresaron los equipos, mi papá me toca y me dice: ’Mirá, el nueve, es parecido a Hernán’. Sí, le digo, es Hernán. Y empieza el partido y a los ocho segundos hace el gol”, le contó Abel a Gustavo Veiga para un artículo de Página/12. “Pero lo lindo –retoma Abel-, lo lindo que tiene esto es que mi viejo, así con el Alzheimer que sufría, miraba la cancha y cuando hizo el gol él, saltó. Me emociona contarlo. Mi viejo se dio cuenta de que el gol lo había hecho su nieto y lo gritó. Fue hermoso. Con el tiempo todavía me emociona”, agregó Lito Da Graca.
Luego, hubo momentos de sufrimiento para los hinchas de Los Andes que se prolongaron hasta el final del encuentro, después que Alex Rodríguez convirtiera la igualdad. Fue empate, hubo vuelta olímpica para Los Andes y regreso al Nacional B. Ese día la selección argentina, conducida por Alfio Basile, quedaba eliminada ante Rumania del Mudial `94. Mientras, Lomas de Zamora festejaba un nuevo ascenso del Milrayitas hasta largas horas de la noche. Nada pudo empañar la fiesta, la sonrisa, alegría y el júbilo que se prolongó, para grabar en la memoria aquel ascenso.


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